Augusto y su Pequeño Placer
AKS
Una pulga de playa avanzó esa noche sobre el tablón de madera. Augusto la dilucidó confundida por la luz del mechero caminando sin rumbo aparente alrededor de las colillas, pequeños charcos secos de alcohol, gránulos de arena, el cadáver de un encendedor.
Augusto exhaló de su tabaco una nube de humo grande y concentrada que desvió de tajo la ruta que la pulga llevaba.
Atontada, quizá por la adrenalina que supone escapar, se estampó con el lomo de la edición anaranjada fluorescente. Se desplazó por los bordes del libro, quizá guiada por los cambios abruptos en la luz que produce la intermitencia del fuego, que se resiste a ser vencido por la brisa nocturna del mar.
La pulga encuentra por fin una recta a lo largo del tablón. Comienza a correr.
Unos centímetros adelante se proyecta la sombra de una botella de vidrio de Yoli que hay por ahí.
Augusto sujeta el casco del refresco por el cuello, suspendido en el aire mientras la pulga avanza alterada por las amenazas de una sombra masiva.
Augusto aprieta y enchueca los labios porque está listo para masacrarla.
Brilla en sus pupilas la pícara luz del fuego y sonríe.
Julio 09. Isla de Pájaros, Gue. Mx.

O, o, ooo.
ResponderBorrarAún siento los piquetes y la comezón intensa de esas pulgas. Aún me las estoy rascando.