DE TODOS LOS NOMBRES
Papando moscas por el bosque
una cría me encontré,
como no tenía nombre
Yankl, le llamaré.
Yankl el cojo,
Yankl el costurero,
Yankl el cenicero,
Yankl éste
y Yankl aquél;
díganme cómo carajos
sino Yankl le llamaré.
De todos los nombres
por el pueblo hebreo acuñados,
Yankl el rojo
te llamaré.
Berkshire Hills. NY. USA. 09
JUVENTUD II
La vida de los días
flota y se propaga
como ondas de sonido
por la noche transpiradas.
La piel delgada
de papel se levanta
acariciando lo microscópico
de la circunferencia de fibra.
Galopa el corazón,
palpita bajo la sien,
encuentra respuesta su eco
retumbando mi esternón.
Cavidad de la noche,
fértil útero preñado de semillas
para los que nos ponemos cómodos
mientras el motor toma vuelo
y arranca y enciende.
New York, NY. USA. 09

LAS MURALLAS DE JERICÓ
La pared de cera se derrite,
me derrito yo con ella;
lo sé porque mi rostro
se estira lentamente
atraído por la gravedad
del abismo.
Mis dedos pueden percibir
el contacto suavemente adhesivo,
templado y transpirante
en mi cara de cera,
surcada por ella,
endurecida y clara
mientras más arriba uno vaya.
La pared de cera se derrite
y con ella mis sentidos,
emocionados y exaltados
por una sola golondrina,
profeta de primaveras
que quizá sólo existan
en las venas de mis días
y en las horas de mis versos,
intentos ineptos a veces
de descifrar todo,
incluyéndote a ti
y a mi locura infinita
que nunca deja dormir.
En cambio doy vueltas y vueltas,
tantas que a veces
no hay dónde ir.
Aún así no me canso,
no me canso, no me canso;
no me canso hasta no llegar
a no se dónde,
y en el inter doy vueltas
y vueltas y vueltas
alrededor de ti,
de los demás y del espejo,
tantas y tantas vueltas
como para que solo haga falta
el toque del cuerno
para lograr hacer caer
las murallas de Jericó.
Mi furia por Dios aplaste
los escombros de Jericó,
por haber enterrado consigo
el único secreto mío
que jamás conoceré.
Sept. 09. MX.