martes, 17 de noviembre de 2009

¿Qué le dijo Estados Unidos a Israel?: Análisis


Hoy fue un día más que pasó en el Medio Oriente y por ahí, escondido entre las noticias, podemos encontrarnos con que el termómetro señala un ligero aumento. El Medio Oriente está enfermo, herido y enfermo de guerras que no siempre son precisamente militares. En el Medio Oriente luchan ideas, países y naciones enteras.

Hoy podemos encontrar comentarios fuertes del gobierno de Estados Unidos, el patrón protector, al gobierno del Estado de Israel. Sin mencionar las críticas que este último ha recibido inclusive de facciones aliadas como lo es la de Mahmoud Abbas. Son muy diferentes los adjetivos que Gibbs y Clinton usan en su discurso hacia Israel y tan solo hay alrededor de una sola semana de diferencia entre uno y otro. La degradación en la escala de los adjetivos en cuestión es abismal. Hace una semana Clinton hablaba de algo positivo, hoy Gibbs habla de algo extremadamente desconcertante.

El Gobierno de Jerusalen prosiguió el día doy en la construcción de 900 unidades habitacionales en la colonia de Gilo, que figura en lo que será la capital del Estado Palestino. Pero el Medio Oriente está enfermo, enfermo de tensión y de guerra. Parece un cuento de hadas, pero seis décadas de guerras, intifadas, secuestros y terrorismo han puesto hoy a dirigir al Estado de Israel a un hombre llamado Benjamin Netanyahu. Benjamin Netanyahu es la encarnación de la cólera de los israelíes destapada desde que el Pueblo Judío entero fue ultrajado al ver a Itzjak Rabin perforado por el arma de uno de los suyos, Igal Amir.
La sociedad israelí ha perdido fe en su gobierno y en su propio concepto de sociedad desde que fue castrada por el asesinato del Premier. Desde entonces, los gobiernos en Israel han sido como el contener la respiración de alguien por unos cuantos segundos para bajar la mala sangre. Estos gobiernos han fluctuado en la inestabilidad que existe desde que Igal Amir hizo el favor de demostrar didácticamente que el mismo Pueblo Judío puede ser su propia piedra en el camino para lograr la paz. Que se pare y diga el que crea que en cualquiera de ambos lados de los actores del conflicto no existe la posibilidad de que haya metidas de pata. Estaría totalmente de acuerdo con que estas metidas de pata son menos visibles cuando se habla del Estado de Israel en comparación con los palestinos, pero este hecho no nos exime de ninguna manera de cometer nuestros propios errores.

Más allá de todo esto, debe uno observar de cerca las cosas para poder comprender los pequeños avances que se hacen. El pueblo palestino que radica en Cisjordania se ha empezado a definir, a estructurar lentamente a través de todas estas discusiones, declaraciones, la valentía de poner temas fibrosos en la mesa del mundo, extremadamente dolorosos para la sociedad judía israelí que reabre las heridas de un proceso de negociación también a nivel personal que por fin veía ver la luz al final del túnel y que falló, falló tan fácil como falla un aparato electrónico.
Aquí es donde llegamos a un punto importante. En este momento, el mundo y Abbas están pujando para concebir lo que será Palestina. Sin embargo, esto no significa que su gente este verdaderamente lista para renunciar a las ganancias que genera un conflicto en todo ser humano. Tampoco los judíos están listos a pesar del historial acumulado que tienen desde hace dos mil años. Ninguna evolución para nunca, y ambas naciones deben ir elaborando sus problemáticas internas de la mejor manera posible para así estar en términos iguales. Esto toma tiempo, años de educación y de reestructura. Por eso hay prisa, como comentó Shimon Peres: "hay nerviosismo", pero no debemos comernos el pastel antes de la fiesta.
Este hombre nos recuerda a la vieja guardia ideológica laborista y de experiencia en el gobierno del Estado. Es el Presidente de Israel, que finalmente debe ser congruente con el gobierno del Estado que representa, a pesar de las diferencias ideológicas abismales que existen entre la administración de Netanyahu y él.

Los palestinos, por su lado, deben luchar por renunciar al veneno fundamentalista predicado por Irán y Siria y aprender del camino de grandes naciones como Jordania y Egipto y con ellos muchos otros países árabes. Renunciar a la violencia que solo sustituye lo que podría ser hablado con palabras: deben renunciar al terrorismo y a la guerra, ya que son estas las causas fundamentales que generan los estados de tensión colectiva que llevaron a los israelíes a votar como lo hicieron. Escogieron a un partido, a una persona, muy particular para manejar el asunto que está bullendo desde hace tiempo. Netanyahu tiene ideas y maneras muy cuestionables, sin embargo su experiencia y su personalidad le impedirían opacar los verdaderos intereses del pueblo; este se muestra duro, decidido, enojado pero el Pueblo Judío es un pueblo de paz que ha tomado las armas en diferentes momentos históricos y por diferentes razones.

El Pueblo Judío existe hoy porque ha resuelto de manera maestra los problemas que lo han aquejado hasta esta fecha y porque siempre ha sabido que el desarrollo y el progreso son cuestión de milenios de lucha diaria e intensa.
Aún falta mucho por hacer al Estado de Israel y al Pueblo Judío, no han cumplido aún su misión histórica, cualquiera que esta pudiese ser y que están dispuestos a encontrar. Falta regresar a los modelos colectivos, revolucionarlos, hacerlos relevantes y reforzarlos; recordarle al Estado que es su deber proveer con educación, salud y trabajo y no de un empresario que no fue elegido por el pueblo para darle servicios básicos a la gente.
Es labor de ambas naciones edificarse, elaborarse, fortalecerse cultural y socialmente hombro con hombro para poder sacar el Medio Oriente de su estado de enfermedad total.

Cerremos con una pregunta más aparte de la del título. ¿Nos ponemos a trabajar... o qué?

AKS