martes, 8 de septiembre de 2009

LOS HERALDOS Y LOS TROVADORES DEL RENACIMIENTO NACIONAL Y DEL PENSAMIENTO SIONISTA (Traducción)




Traducción al español. Arturo Kerbel Shein










HERTZEL Y BIALIK:
LOS INICIADORES Y PRESAGIADORES DEL RENACIMIENTO JUDÍO
Y DEL DESPERTAR NACIONAL
(Fragmento)

Hertzel y Bialik, de quienes hoy traemos a consciencia sus aniversarios luctuosos, vinieron a nosotros desde dos ambientes diferentes con dos culturas diferentes. El primero, que surgió del occidente, que apareció ante nosotros desde una enorme lejanía , dotado de talento, con una fina sensibilidad periodística refinada y elegante propia del estilo vienés y como el caballero del salón “Felipe de Borbon”, solía dar zancadas sobre las ruinas del ghetto, despreocupado y tranquilo, lejos de los problemas y sufrimientos de los judíos. Y súbitamente, de manera inesperada el mundo idílico de Hertzel, que con el corazón abierto le confirió un status privilegiado en la vida: fama, reconocimiento y popularidad en los círculos aristocráticos de Viena, comenzó a sacudirse y a colapsar. Europa occidental, con sus dizque tendencias humanistas y progresivas, lo traicionaron dolorosamente.

Verdades terribles vivenciadas minaron la profunda alabanza del mundo no judío hacia Hertzel, y tras un autoanálisis y serias meditaciones, comenzó a despertarse en él una consciencia judía antes dormida que lo hizo volver a sus raíces con visión y creencia, con un profundo y pensado “Yo creo” que expresa el verdadero sentido, la filosofía y los cimientos del despertar nacional judío.

Su conocido slogan “Si lo queréis, no será una leyenda” trae consigo las semillas benditas, el explosivo espíritu de protesta en contra de dos mil años de inercia diaspórica y sueños pasivos de redención.
La historia – como la entendió Hertzel – es creada con la voluntad y las manos de los hombres. Debemos dejar de emprender misiones de redención universal en nombre del “Arreglo del Mundo” (Tikun Haolam), dejar de arrancar la hierba mala de la historia de la humanidad y dejar de ser una tabla de metas, un objeto pasivo del odio y del entorno ajeno. Los procesos históricos deben ser forjados según nuestra propia iniciativa y según nuestro propio camino.

Bialik, que surgió del oriente, producto de la masa judía y sus necesidades, o como él se expresó: “De mi padre aúlla la amarga Diáspora y de mi madre la oscura miseria”.
Bialik mamó su alimento de un hogar enraizado profundamente en el judaísmo, de raíces culturales que brotaron con una espiritualidad genuina que partía del jeder tradicional, seguía por el bet-hamidrash hasta la yeshiva en Volozhyn. Habiendo sido hijo espiritual de la Odessa europea – la Odessa de Ajad Ha’am, Liellenblum, Dubnow, Mendele, la cuna de grandes movimientos históricos, el “Montparnasse” judío del arte, de la literatura y la poesía, una ciudad que resplandecía con sabiduría y erudición que bullía con talentos jóvenes y frescos como Klaussner, Chernibowsky, Frug, Reb Tzair, Jabotinsky –.
En este preciso ambiente se muestra J. N. Bialik, de apenas treinta años de edad, uno de los más jóvenes en esta pléyade artística, en una época que empieza a emerger de las influencias específicas de la niñez y de la juventud, un tiempo que norma la realización de su vida.

Y en su aparición prima podemos ver a Bialik resuelto, que da sus primeros pero fuertes y seguros pasos en la poesía hebrea. Sus primeros poemas impresionan y se tornan en un suceso nacional, la crítica hebrea se maravilla con su talento, el mundo literario ruso lo toma con respeto y tanto escritores como lectores escuchan su palabra; había un acuerdo implícito de su gran talento.
En su “Ba’ir Ha’harigá” –uno de los poemas más fuertes y sacudidores –expresa Bialik la profundidad del desamparo y de la soledad judía en medio de tantas civilizaciones que los odian en los alabados y coronados siglos diecinueve y veinte.

Bialik raramente se queja del sufrimiento pujante de los judíos, no pretendía revelar el misterio del “odio del mundo a un pueblo del mundo”; más bien reprochaba lo perdido y decaído que estaba el pueblo, la debilidad de su generación lo ultrajaba, los miedos y los complejos diaspóricos lo desesperaban. Es por eso que los motivos dominantes de sus creaciones eran acerca del destino de los judíos. El verso de Bialik no era fácil de ser cantado, su poética cargaba consigo los problemas del destino de la vida judía; pueblo y literatura eran para Bialik una unidad indivisible.

En los últimos doce años de su creación literaria, se muestra Bialik en su pleno auge y clímax artístico, en el Olimpo del ascenso poético. En estos años aparecen sus poemas sobre la diáspora, el Beit-Hamidrash, sus canciones sobre la naturaleza y sobre todo sus cinco obras que hicieron época: “Ha’matmid”, “Ha’brijá”, “Ba’ir Ha’harigá”, “Tva’ei Midbar” y “Megilat Ha’esh”, poemas que respiran profundamente la problemática judía y que abrazan los más amplios terrenos de la vida judía.
En su “Al saf bet-hamidrash” en “Ha’matmid” –símbolos y reflejos del mundo de la profunda creencia de los judíos –viene Bialik con su declaración de principios de una nueva revisión respetuosa del acercamiento hacia nuestros tesoros culturales, él se opone expresamente contra las tendencias nihilistas del iluminismo judío, que buscaban negar el ayer rico de espiritualidad.

Bialik, de quien su alma fue formada y tejida de rayos divinos y lágrimas judías, se asoma al jugoso contenido del ayer judío y de la fuerza de seguir vivos. “Si quieres encontrar el hilo de tu origen, quieres desenmascarar el acertijo de la filosofía de vida judía, quieres develar nuestro secreto de existencia, quieres encontrar la maña con la que los judíos solían escudarse contra la maldad del mundo, ven al bet-hamidrash, ahí donde fue forjada diariamente la fuerza espiritual judía, ahí donde fue acumulado el capital de almas, la cría de almas de generaciones enteras, en “Ha’matmid”, una de las más bellas odas a la eternidad judía, trae Bialik el diálogo entre un maestro y personajes inspiradores del pasado remoto judío.

La obra monumental de Bialik “Halajá ve Hagadá” , buscaba como un arquitecto en un edificio de literatura y de pensamiento judío, eternizar y preservar las creaciones literarias de generaciones.
Bialik, como un poeta práctica, escapa del arte en nombre del arte, nunca se ocupó de amarga investigación académica, a menos que esta ciencia cargue consigo las esencias del espíritu santo (ruaj ha’kodesh) y puntos que muevan directamente al pueblo vivo.

Y en estos días de aniversarios luctuosos de estos dos grandiosos judíos, que su espíritu inmortal sea santificado con el kadish interpretado por Zeev Jabotinksy Q.E.P.D: “Glorificado y santificado seas –tú, persona, que estás muerta, pero que esta santidad de tu vida permanezca grandiosa y gloriosa –la santidad de dos personalidades que hicieron época, que con su palabra ayudaron a realizar la más noble de las aspiraciones, añoranzas de generaciones y visiones de redención de un pueblo.