El siguiente poema fue escrito en la recta final del curso de Teoría y Práctica de la Psicología Comunitaria, que llevé a cabo a lo largo del último semestre en el Hospital Pediátrico de Tacubaya, supervisado por el inquebrantable espíritu de Zarina Fiorentini. Ahí, nos dedicábamos a hacer acompañamiento hospitalario de niños principalmente quemados. Yo estuve en Urgencias, el primer contacto que tiene un nuevo paciente con el Hospital.
En la práctica no solo estudiamos acerca de la teoría, avances, limitaciones, roles, etc. que hay en este campo de la psicología sino también discutimos y nos enfrentamos a problemáticas sociales, comunitarias y humanitarias en general que se viven en nuestro México.
Este poema habla del dolor, el dolor físico de una quemadura o la enfermedad, el dolor de la marginación en la que viven cantidades industriales de mexicanos, las políticas y legislación tan limitada en materia de salud pública. Todo esto intrincado con un proceso personal que se desencadena desde el día en que uno pisa el Hospital Pediátrico de Tacubaya.
El nombre del poema hace alusión a los Mártires de Tacubaya. El 11 de abril de 1859 las fuerzas militares conservadoras se enfrentaron contra las liberales, desencadenando una masacre en esta zona de la ciudad. La batalla fue ganada por los conservadores, que recibieron órdenes de fusilar a los oficiales militares de las fuerzas contrarias. Entre los masacrados se encuentran grandes cantidades de médicos militares que llevaban a cabo sus capitales funciones con los heridos del enfrentamiento.
Sin embargo, el poema no habla de ellos sino de los Héroes de Tacubaya (ya que están lejos de ser Mártires) que son todos aquellos que acuden a Tacubaya por no poseer siquiera Seguro Social.
Los Héroes de Tacubaya. ´09
En la esquina de las calles
Gaviota y Carlos Laso
Cuadraturas de Tacubaya,
Me senté y te vi.
Te vi bostezar
Y entregarte a tu letargo.
Duerme
Que así se siente menos.
Tu cuerpo tan pequeño
Levanta trabajoso tu pecho,
Cuánto sufrimiento puede caber
En las cuatro paredes de tu santuario…
En la esquina de las calles
Gaviota y Carlos Laso
Entronque de venas y destino cruzado,
Me senté y pensé.
Pensé que el Pueblo hace largas filas
A lo largo y ancho de las calles,
Sube y baja de sierras y montes,
Volcanes dormidos, lagos vecinos,
Veredas y plantas espinosas
Con los niños dormidos
Pensé que aquí están, con el sol en la sien
Aparenta ser apacible
Colmado de tranquilidad,
Pero reverbera por dentro.
Los que escuchamos con atención
Esperamos que asome el magma
Por las comisuras de su boca.
Escupe tu magma
Mexicano
Escúpelo en mi cara,
Ya trataré de retirar las costras
Con las uñas de mis dedos
En el silencio de mi hogar…
Que se levanten columnas de humo
Del campo, de las fábricas y empresas,
De aldeas y ciudades enteras
Que se quemen todos,
¿Qué no ven que igual existe Tacubaya?
Se reparten parches de piel
Todo quedará debajo
O dentro del estómago,
Efervescencia clorhídrica.
En la esquina de las calles
Gaviota y Carlos Laso
Me senté y reencarné.
Salí de mi epitelio desviscerado
Neonato ensangrentado
Y con un cuchillo en la mano.
Era casi como la primera vez:
Aventando el filo
Repartiendo cicatrices
Salpicando las paredes
Con sangre de mexicano,
El Pueblo Ultrajado.
Gaviota y Carlos Laso
Cuadraturas de Tacubaya,
Me senté y te vi.
Te vi bostezar
Y entregarte a tu letargo.
Duerme
Que así se siente menos.
Tu cuerpo tan pequeño
Levanta trabajoso tu pecho,
Cuánto sufrimiento puede caber
En las cuatro paredes de tu santuario…
En la esquina de las calles
Gaviota y Carlos Laso
Entronque de venas y destino cruzado,
Me senté y pensé.
Pensé que el Pueblo hace largas filas
A lo largo y ancho de las calles,
Sube y baja de sierras y montes,
Volcanes dormidos, lagos vecinos,
Veredas y plantas espinosas
Con los niños dormidos
Pensé que aquí están, con el sol en la sien
Aparenta ser apacible
Colmado de tranquilidad,
Pero reverbera por dentro.
Los que escuchamos con atención
Esperamos que asome el magma
Por las comisuras de su boca.
Escupe tu magma
Mexicano
Escúpelo en mi cara,
Ya trataré de retirar las costras
Con las uñas de mis dedos
En el silencio de mi hogar…
Que se levanten columnas de humo
Del campo, de las fábricas y empresas,
De aldeas y ciudades enteras
Que se quemen todos,
¿Qué no ven que igual existe Tacubaya?
Se reparten parches de piel
Todo quedará debajo
O dentro del estómago,
Efervescencia clorhídrica.
En la esquina de las calles
Gaviota y Carlos Laso
Me senté y reencarné.
Salí de mi epitelio desviscerado
Neonato ensangrentado
Y con un cuchillo en la mano.
Era casi como la primera vez:
Aventando el filo
Repartiendo cicatrices
Salpicando las paredes
Con sangre de mexicano,
El Pueblo Ultrajado.
Pero nosotros no somos
No somos como los mártires
Como cuenta la historia Tacubaya.
Nosotros somos héroes
Nosotros conocemos
A niños héroes
Que nadie inventó.
En la esquina de las calles
Gaviota y Carlos Laso,
El corazón en la ciudad
De cuadraturas y venas
De destinos cruzados
Está el Hospital Pediátrico.
No somos como los mártires
Como cuenta la historia Tacubaya.
Nosotros somos héroes
Nosotros conocemos
A niños héroes
Que nadie inventó.
En la esquina de las calles
Gaviota y Carlos Laso,
El corazón en la ciudad
De cuadraturas y venas
De destinos cruzados
Está el Hospital Pediátrico.
Noviembre 09. Mx.
AKS

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Empezando a hacerme cargo de mi compromiso de comentar, elijo lo que mas me toco.
ResponderBorrarY puedo hablar mucho de esto porque lo vivi durante un año entero cada dia de mi vida. Veo que al menos en materia de salud publica, Mexico y Argentina no son tan distintos.
Las colas interminables de personas en dificultades esperando para ser atendidas, las caras de angustia y desesperacion de esas madres con hijos en brazos, la sonrisa de muchos de esos chicos que quizas no conocerian su destino.. el abandono de los ancianos, el trabajo social trabajando incansablemente, el cansancio, la fatiga, el dolor, la espera, todo se funde para convertirse en ese ambiente tan especial y no por eso nada agradable de un hospital publico. Creo que lejos de ser bonita es una experiencia unica que cualquier persona deberia tener para cambiar un poco la vision de su propia vida.
Prueba de que somos tan primitivos todavia y hay tanto por hacer.
Me encanto el poema, me llego en serio.
Un beso!