
Lo primero que creo prudente mencionar es que en este análisis deberé encontrar un balance entre lo literario y lo psicodinámico.
Al enfrentarse a una obra literaria de este tipo, uno encuentra personajes que pueden estar dotados de personalidad, temperamento, conflictos psíquicos, de características que los humanizan y los presentan ante nosotros. Definitivamente pueden bosquejarse hipótesis basadas en fundamentos teóricos acerca de las conductas que se manifiestan a partir de la vida emocional propia que adquiere un personaje al ser envestido de elementos por el autor. Sin embargo en el campo real, interpretar las acciones de los personajes se vuelve productivo solo para aquél que desee conocer profundamente la psicología de un personaje creado por un autor que no construyó a sus personajes bajo un proceso racional.
Pero para fines de este ensayo, creo necesario trazar una línea de análisis que considere, como dije al principio, tanto lo literario como lo psicodinámico.
Lo psicodinámico se refiere a la vida mental, íntima, afectiva de un personaje. Esto puede conocerse a través de las acciones del mismo y de otros personajes para con él. Lo literario marca las pautas y los límites del análisis ya que el cuento se nos presenta en forma de literatura y esto cambia las cosas.
No se trata de la vida real como sería el caso de un relato anecdótico o una autobiografía o una novela histórica, sino de la vida real a través de un género literario que es el cuento.
El hecho de que sea un cuento es por añadidura, bien podría tratarse de cualquier otro género literario incluyendo la poesía sino es que de otro arte totalmente, como la pintura o la música; lo que tienen todos en común es que son traídos al mundo por un ser humano que a través de procesos psicológicos relacionados con la creatividad, producción en fin resultados de energía psíquica que debe ser usada para algo. En el caso del arte, ese algo logra plasmar la universalidad de la condición humana sin importar la época o momento histórico de que se hable. Ese algo es una escultura, una sinfonía, un poema, un cuento.
Esto impide tener la garantía de estar analizando a los personajes. ¿Dónde acaba el autor como ser humano y empieza el personaje?, ¿Cómo saber si uno es otra versión del otro?. Las únicas herramientas que pueden tenerse es el dominio casi absoluto de la vida del artista y un conocimiento profundo de lo que quería decir. Esto no siempre es posible. De hecho muchas de las vidas de los artistas que alabamos de cualquier época eran desconocidas hasta que a alguien le interesó investigar, fundamentarse, comprobar.
Todo esto lleva a que este ensayo use un enfoque centrado en esa finalidad que tiene la relación literatura-persona. Claro está que el arte y la sensibilidad hacia él son elementos característicos de la especie humana en su totalidad, sin embargo las acciones de los personajes del cuento, a pesar de que lo definen y le dan sentido, pierden realidad y contexto si no son enmarcadas dentro de lo literario ya que la literatura deja expresa esa universalidad que de cualquier manera existe, pero que la palabra escrita es capaz de hacernos partícipes (a través de la lectura y de todos los procesos neurológicos y cognitivos que esta desencadena a nivel mental) de un proceso autocrítico, de uno mismo, de la sociedad y de la humanidad que deja en nuestras manos la manera en la que nos relacionaremos con el mundo una vez concluida la problematización a la que nos enfrenta la lectura de una obra escrita, sin importar el género específico del que se trate. En el caso de otras artes sucede lo mismo, sólo hay que usar los verbos equivalentes a “leer”, a recibir un “estímulo artístico” respectivo al arte del que se esté hablando: escuchar música; observar una pintura o escultura, tocar la escultura; leer literatura.
A esto que yo llamo “estímulo artístico” desde el punto de vista del espectador, Freud lo llama “prima de atracción” o “placer preliminar” en su escrito El poeta y la fantasía (1908). Por definición, se expone uno a una experiencia gratificante, a un placer “menor” o momentáneo que sirva como fuente de un placer mayor que se avenga subsecuentemente basado en herramientas psíquicas más profundas. Es ahí donde entra el “espectador”, que en este caso es el lector, a completar lo que la obra artística puso sobre la mesa con su propio material, con sus propios depósitos y envestiduras, con sus propias proyecciones. Cuando termina ese proceso, puede decirse desde mi punto de vista que el arte en cuestión alcanzó su finalidad: universalizar la condición humana a partir de la cual recibimos cualquier estímulo del mundo que nos rodea sin importar la naturaleza que tuviere.
Este personaje nos permite conocer hasta cierto nivel su propio conflicto psíquico que revela seguir patrones muy similares a los de su pareja.
La mujer trata de retar a nuestro personaje “cortándose” el cabello, la ropa, cortando intencionalmente la imagen que tenía de sí misma y para con su pareja. Nuestro personaje aguanta a pesar de sus ideas recurrentes que muchas veces son paranoides u obsesivas o de la angustia inminente que le genera la sola idea de una separación, tomando en cuenta los deseos que el personaje tenía de inclusive vivir con ella bajo un mismo techo.
El acto de “cortar” cosas es una manera de pautar el alejamiento entre ambos, lo cual habla de una manera muy particular y compartida entre los personajes de apegarse a diferentes figuras, incluyéndose. Nuestro personaje termina gustando del método de los recortes, cosa que puede corroborarse en la fantasía que nos comparte hacia el final del cuento. Esto solo puede hablar de la ambivalencia que acompaña a los vínculos humanos en cualquier de sus presentaciones: son tan necesarios como repudiados y estos dos personajes quedan flotando entre los dos extremos, causando así patrones de apego intermitentes, fragmentados, parciales, inseguros de su propia integridad.
AKS.

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